Julio Luis Acosta
Septiembre19
De pronto, así como en un abrir de ojos,
inicié un idilio bajo el cielo poblado de luceros,
navegando lento, tomando los mandos,
de un romántico biplano de corazón circular,
cubierto de frágil lona dispuesto a volar.
Las manos de la naturaleza, sostenían la nave,
avanzando elegantemente a través del éter,
recibiendo palmadas del viento en mi rostro,
despertando de mi sueño convertido en águila,
cuidando el reino de los cielos.
Vigilaba desde la cima de mis anhelos,
hacia donde no pude llegar,
postrado en tierra traté de elevarme,
arrastrándome dolorosamente con las alas quebradas,
insistí tercamente, volviendo a caer en el sueño,
para despertar como águila, en las manos de Dios.