El

¿Quién iba a morir primero? El o el mundo.
Años atrás sentado en su silla, un anciano escribía lo siguiente:
Si solo hoy muriera, voy dejando vestigios, solo voy dejando soledad, para tus ojos, tu boca, y tu corazón.
Y es que esto es para cada uno, o para cada cual.
Recuerdo esa brisa que hace 50 años atrás recorría mi piel tanta, y me sacudía, como torciéndome, como rozando el tiempo, añejo e incomún.
Y de un tiempo a esta parte, esa brisa cambio a ser tal cual se monta entre mis fosas, tan burda y tan mezquina, tan llana, como aquello que toca el pulmón.
Por que todo debió ser así. ¿Por qué mis mares también cambiaron, mis tierras se compungieron y mis hijos se ignoraron?
Todo se revoluciono tantísimo, que se nos escapo de las manos, y de los pronósticos.
Mis hijos ni yo merecemos vivir así, menos mis hijos que les queda demasiado.
Hoy soy sus voces y sus escudos…
Mañana esperaré que sea otro día, que nuestra gente y nuestro mundo se reconstruya, a espaldas del sol y del resplandor infame.
Espero estar mañana, espero que el mundo este mañana…